sábado, 10 de marzo de 2018

Los caminos de la espiritualidad




El hombre elige distintos caminos para desarrollar su espiritualidad. La evolución ancestral que cada uno ha seguido, legitima el hecho de que existan diversos caminos y metodologías que posibilitan una mayor elevación espiritual.

El heterogéneo grado de evolución de la familia humana, hace aparecer como poco razonable el pretender igualar o uniformar a todos los individuos dentro de una única concepción filosófica.

Por el contrario, el despertar de las conciencias que se está operando en el mundo aconseja desarrollar una amplitud de criterios que permita consolidar las coincidencias en lugar de profundizar las disidencias.

Entender y respetar nuestro propio grado de evolución es el principio fundamental que debemos observar para poder comprender y respetar el grado de evolución de nuestros semejantes.

La no aplicación de este principio provoca necesariamente una desarmonía en las relaciones humanas, en tanto intentemos imponer la idea de que el camino espiritual que nosotros hemos seguido es el mejor, el más apto y el que debería ser aceptado por todos.

 Esta posición se agrava si además, consideramos que el guía o maestro del cual asimilamos sus enseñanzas, debe ser considerado el máximo exponente de la espiritualidad. Este proceder estaría recreando aquel funesto precepto que sostenía: “fuera de mí no hay salvación”.

Crear esa actitud de respeto hacia las opiniones de nuestros semejantes, requiere de una madurez espiritual poco común, porque ella implica superar aquellas pautas culturales que surcaron el conciente colectivo dejando la huella de las antinomias fratricidas.

Si admitimos que cada individuo, ejerciendo los mismos derechos que exigimos para nosotros, tiene el libre albedrío de autodeterminarse en el camino de su propia espiritualidad, estaremos en condiciones de aprender de todos dejando de lado cualquier tipo de actitud contestataria.

Las reflexiones expresadas son materia opinable y cada uno tendrá una posición tomada al respecto; sólo cabe proponer, como más saludable, un método de intercambio de opiniones que posibilite conocer las experiencias de vida que cada uno atesoró de acuerdo al camino espiritual que haya elegido.

Si pudiéramos escuchar sin el ánimo de cuestionar;
Si lográramos exponer sin pretender imponer;

Si quisiéramos estudiar con el espíritu de investigar… es posible que el ambiente de paz y armonía que crearíamos entre los seres humanos, con esa actitud libre de prejuicios, nos permitiera corregir errores, afirmar virtudes y materializar una convivencia pacífica que fuese el caldo de cultivo de realizaciones comunes.-




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